El dulce de leche se elabora a partir de un proceso de caramelización de la leche. Tradicionalmente se hace con leche, azúcar y vainilla, aunque hoy en día hay variantes como añadir crema de leche, e incluso sustituir el azúcar por edulcorantes naturales. Su sabor es muy parecido al del caramelo, y en su estado natural, frío o a temperatura ambiente, tiene una consistencia pegajosa.
 
También se puede calentar, lo que lo hace casi líquido, para verterlo en postres, gofres, tortitas o magdalenas. Según la marca o el país, puede tener un sabor más o menos dulce y cambiar ligeramente de color y consistencia.
 
Uruguay, Argentina, Chile, Colombia y Perú son algunos de los países de América Latina que se disputan la invención de este manjar, aunque sólo Uruguay y Argentina lo llaman por el nombre de dulce de leche. En 2003, Argentina intentó declarar el dulce de leche como patrimonio cultural argentino ante la UNESCO, sin éxito, ya que Uruguay reclamó que se considerara Patrimonio Gastronómico del Río de la Plata (la región que abarca a los dos países).
 
Existen diferentes reivindicaciones por parte de varios países de América Latina sobre los orígenes del dulce de leche, todas ellas se remontan a los inicios del siglo XIX. Incluso hay algunos europeos que afirman que en 1804, el cocinero de Napoleón inventó accidentalmente este delicioso manjar al calentar leche y azúcar durante demasiado tiempo.
 
En cualquier caso, lo más probable es que el dulce de leche llegara al continente americano habiendo evolucionado durante muchísimos años. Hoy en día, se cocina con dulce de leche como ingrediente para poner en pasteles y otros postres. También hay productos comercializados con dulce de leche, ya que las marcas mundiales se están poniendo al día con la tendencia.