Orígenes

El primer Chajá nace de las manos de un confitero en 1927, el señor Orlando Castellano, que en su momento no sabía lo que desencadenaría su creación; la cual expandiría el negocio «Las Familias» y se volvería uno de los clásicos de la gastronomía Uruguaya debido a su sabor único, delicioso y adictivo.

 Y es que además, ha conseguido despertar la curiosidad de toda una nación, pues sin importar cuánto desees conocer la receta para elaborar un Chajá en casa, su sabor acabará distando del original que todavía se fabrica en la confitería donde se originó; provocando que reposteros y personas en sus hogares emulen a Plancton, personaje de la caricatura «Bob Esponja», en su deseo de obtener la fórmula secreta ―para en este caso, preparar un perfecto Chajá― Volviendo infructíferos, los intentos de aquellos que buscan los ingredientes del platillo con base a sus papilas gustativas.

Incluso, la receta familiar está tan bien guardada, que miembros de la familia y encargados de la fábrica, desconocen el procedimiento por completo. Pero ¿cómo es eso? Sencillo, se dividen la tarea de armar los postres, de modo que cada trabajador realiza una tarea específica, de modo que alguien se encarga engrasar los moldes, otro de echar la azúcar, y así sucesivamente hasta que todos los ingredientes se hayan integrado, de modo que otro pueda armar y envasar cada Chajá.

Esto deja una valiosa lección, y es que por mucho que avancemos como sociedad en materia tecnológica, de maquinaria y todo lo demás: ninguna máquina puede darle a un platillo, lo que el calor y amor humano le dota; prevaleciendo por ello las comidas artesanales, ante las procesadas.