Historia y aspectos positivos de la bebida

Para nuestra vida social resulta necesario conocer las preparaciones de algunos cocteles, tanto como es necesario beberlos, pues no siempre estaremos en un bar a con las atenciones de un servicio de bartender y no siempre desearemos que se nos atienda, sino ser nosotros los que ofrezcamos a nuestros amigos algún coctel creado en nuestra cocina. Asimismo, conocer el origen de aquellos productos tradicionales de las diferentes regiones de Suramérica nos resulta positivo.

Muy común en el verano, el Clericó, también es conocido como ponche. Suelen prepararse jarras llenas que ganan volumen con el pasar de los minutos, pues las frutas van absorbiendo el vino. También es muy habitual que se nos sirva en las fiestas navideñas y de celebración de fin de año, donde hay también un despliegue culinario y las frutas juegan un papel crucial.

Si bien, Uruguay no es un país tropical, la familiaridad con su país hermano Brasil, un auténtico productor de frutas tropicales, ha hecho que estas se hayan incorporado a las comidas y bebidas más tradicionales del país.

Se desconocen concretamente los orígenes de esta bebida tradicional de Uruguay pero puede especularse que se conoce desde que se cultivan uvas y se producen vinos en el país. Los componentes de esta bebida son esencialmente frutas, vino, tinto o blanco y hielo. Algunos incorporan un poco de agua, pero hay quienes lo prefieren con el sabor y la robustez del vino, que va afinándose con en la medida que las frutas van desprendiendo su sustancia y sabor.

Se ha mezclado vino con frutas desde hace muchísimos años, no obstante, la primera vez que se le llamó coctel en aquellas tierras fue en 1806, en el periódico Balance de Nueva York. Se le catalogó entonces como una “bebida estimulante” por tener particularmente unos grados de alcohol. La bebida también ha sido hecha con base en otro tipo de licores. Muchas veces se le incorpora azúcar y bitters. A principios del siglo pasado llegaron a popularizarse en toda la región americana, con mayor fuerza en los Estados Unidos.

Variantes y presentaciones en otras latitudes

Hoy día se ha popularizado el Clericó en Europa, donde suele usarse una combinación más inusual para los latinoamericanos, el té, a veces también con vino y azúcar. Se incorporan las frutas y algunas especias; todo esto especialmente en Navidad, donde se ha instaurado como una costumbre en muchos hogares, donde prefieren esta bebida a altas temperaturas, básicamente una bebida caliente.

En Francia tienen un gusto distinto para el Clericó; le incorporan clavo de olor a la mezcla y el resultado es una bebida bastante particular que conserva su esencia por ser una mezcla de licor con frutas pero con un gusto distinto. También se da la variante de usar vino dulce como el Sauternes y así evitan llevar usar azúcar, le agregan limón.

La tendencia de beber el Clericó varía dependiendo de la latitud pero la bebida no pierde su esencia por ese toque frutal que la caracteriza. Fresas, mandarinas, manzanas y, a veces, frutas de la elección de el bartender. Algunos, para variar, usan como base Cava, otros un tinto caliente perfumado con canela y en otras partes del mundo, como Roma, se sirve frío, se le incorpora también jugo de naranja, merengue y ron.

Como puede verse, las variedades alrededor del mundo varían mucho tanto como varían las personas que los preparan y sus gustos especiales que terminan por generar nuevas y deliciosas variantes de la misma bebida. Lo importante es saber que en Uruguay permanece la tradición y se preparan excelentes combinaciones del Clericó, las cuales se disfrutan en cualquier momento y lugar, por su sencillez  y sabor exquisito. Recordando que las frutas que se le incorporan deben estar bien maduradas y debe servirse una buena cantidad para dejar a todos satisfechos.