Uruguay guarda testimonio de los numerosos lazos que siempre han unido a este pequeño país sudamericano con Italia, con la que incluso comparte su héroe nacional: Giuseppe Garibaldi, que participó en el asedio de Montevideo hacia 1850.
 
La ascendencia italiana de la mayoría de los actuales orientales se refleja claramente en la cocina: entre los platos nacionales está la fainá, la típica farinata difundida por los emigrantes ligures y servida con pizza. Es tan popular en el país que tiene un día en su honor, el 27 de agosto.
 
A propósito de fechas, cabe mencionar la curiosa costumbre local de servir ñoquis el 29 de cada mes, dejando un billete debajo de cada plato: algunos remontan la costumbre a la tradicional necesidad de platos más pobres en los últimos días del mes, a la espera del nuevo salario. Otros lo relacionan con un episodio de la biografía de San Pantaleón, de quien se dice que recompensó a los campesinos venecianos que lo acogieron con un año de pesca y cosechas excepcionales (el episodio tuvo lugar el 29 de julio).
 
Aunque la cultura gastronómica uruguaya sigue basándose principalmente en la ganadería, no hay que olvidar que Uruguay cuenta también con una notable biodiversidad vegetal, como demuestran las frutas y verduras incluidas por Slow Food en su Arca del Gusto.
 
La producción agrícola fue introducida en las primeras décadas del siglo XIX por colonos canarios, que contribuyeron en gran medida al desarrollo agrícola del país. Aunque la costumbre de comerlo está desapareciendo, el gofio sigue siendo un producto típico de Uruguay, especialmente en el distrito de Canelones, cuyos habitantes siguen siendo conocidos como canarios.